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La Salud y la Respiración Óptima

Mediante la realización de ejercicios respiratorios vamos consiguiendo optimizar nuestra respiración, lo cual implica por una parte que alcanzamos un mayor equilibrio interno y un incremento de nuestra energía, y por otra parte que nuestra salud mejora notablemente.  La mejor oxigenación y la coordinación entre la respiración y nuestro sistema nervioso influye en todo el organismo, desde las funciones fisiológicas básicas hasta las complejas,  e involucra también la energía sutil que recorre nuestros meridianos y canales (de ellos tenemos descripciones extensas aportadas por la acupuntura o por el yoga).

En los últimos tiempos hemos visto que no sólo en el ámbito de las técnicas psicofísicas como tai-chi o yoga, sino también en el ámbito de la salud  médica se está haciendo hincapié en aprender correctas técnicas de respiración.  Se ha observado que problemas de salud en general, no sólo del sistema respiratorio, se ven mejorados con la intervención consciente de la persona afectada en su propia respiración.

Incluso la gente que no tiene problemas de salud recurre a estas técnicas de respiración pues está comprobando que al desarrollar una respiración poderosa se ve mejor, se siente mejor, tiene más vitalidad, su energía personal aumenta.

Volviendo al enfoque de la salud, veamos algunos de los efectos que sobre ésta tiene una buena respiración:

SISTEMA RESPIRATORIO

  • Aumenta la capacidad pulmonar
  • Mejora la oxigenación
  • Hay una mejor ventilación y expulsión de toxinas y aire residual
  • Reduce dolores de pecho que tienen que ver con la tensión muscular
  • Ayuda a aliviar problemas de las vías respiratorias como el asma o la bronquitis

SISTEMA CIRCULATORIO

  • Activa y mejora la circulación, descongestionando el sistema
  • La cantidad de oxígeno que porta la sangre alimenta todas las células del cuerpo, incluyendo musculatura y órganos principales como el cerebro o los ojos, que tienen un consumo importante de oxígeno.
  • Masajea al corazón, lo acompasa y le ayuda en su trabajo.
  • El correcto intercambio gaseoso no sólo aporta oxígeno a la sangre sino que ayuda a eliminar de ésta el CO2 tóxico.

ÓRGANOS ABDOMINALES

  • El correcto movimiento del diafragma respiratorio masajea constantemente los órganos abdominales mejorando su función.  Con el rítmico acto de presión-descompresión, la sangre que circula por ellos se renueva, con la consecuente limpieza y oxigenación
  • Estimula el hígado, el bazo y los riñones.
  • Mejora las digestiones y la limpieza del tracto intestinal.
  • Impulsa las labores de eliminación del sistema urinario, estimulando por una parte el funcionamiento riñones y vejiga, y ayudando a la eliminación de hinchazones y edemas por otra.

SISTEMA ENDOCRINO

  • Una correcta respiración ayuda también a la circulación linfática, lo cual facilita la eliminación de toxinas.
  • Da fortaleza al sistema inmunológico.

PIEL

  • La piel es responsable de buena parte de la eliminación de toxinas, y una buena respiración pulmonar permite que las células también “respiren”, realizando mejor ésta labor de limpieza.
  • La piel se tonifica, y mejora su aspecto.
  • Con la respiración pulmonar se activa la circulación lo cual permite que los nutrientes alcancen a las células de la piel, y que los residuos se recojan.

CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU

  • Se produce una mayor relajación.
  • Mejora el descanso.
  • Permite, a través de la conciencia respiratoria,  una mayor conciencia de uno mismo.
  • Mejora la concentración.
  • Abre el pecho fortaleciéndolo y desbloqueando tensiones psíquicas, lo cual mejora notablemente la autoestima.

La práctica continuada de unas apropiadas técnicas de respiración benefician claramente nuestra salud, tanto a nivel físico como psíquico.  Y no olvidemos que son accesibles a prácticamente todas las personas.  Como siempre, hemos de reconocer que buena parte de nuestra salud depende de unos buenos hábitos: una alimentación equilibrada, un ejercicio adecuado y una buena respiración.

Maravillas del diafragma respiratorio

El diafragma respiratorio es un gran músculo que se halla en el centro del cuerpo humano, y es el principal músculo de tu respiración. Divide prácticamente en dos mitades el cuerpo: la superior y la inferior. Quizás por ello, y dado que tiene un vínculo claro con funciones no sólo fisiológicas (como la propia respiración) sino nerviosas y emocionales, en la Grecia antigua se le llamabal phrenos , cuyo significado amplio sería “lugar donde se reúnen  todas las posibilidades de expresión del ser humano”.

diafragma respiratorio

Encima del diafragma encontramos a los pulmones y al corazón, ambos órganos lo tocan, y por debajo de él y también en contacto con él, están el hígado y vesícula biliar, el estómago, el bazo y los riñones, pues el diafragma se inserta por delante en el esternón, sigue la trayectoria de las costillas y se sujeta por detrás en la columna vertebral.
Decíamos que es un músculo, y como tal el diafragma se estira y se contrae.  Al contraerse se eleva, empujando y presionando a su vez a los pulmones con lo cual se expulsa el aire. Al estirarse “baja” empujando a los órganos de la parte inferior del tronco y “tira” a su vez a los pulmones haciendo que estos se estiren y se produzca una inhalación.  Cuanto más se estira el diafragma, mayor es la cantidad de aire que entra a los pulmones, y cuando más se contrae más aire residual ayuda a exhalar.

Este movimiento no sólo produce la inhalación y exhalación, sino que además estimula al corazón y masajea los órganos abdominales.  Es decir, es en parte responsable del buen funcionamiento cardiaco-circulatorio e intestinal.  Resumiendo, gracias a él se produce la respiración, y se estimula por una parte el corazón-circulación y por otra el hígado, riñones y otros órganos abdominales.

Pero ahí no acaban sus maravillas… El diafragma además de participar fisiológicamente y colaborar así con el sistema nervioso autónomo (encargado de las funciones autónomas como digestión o segregación glandular…), interviene en los ritmos emocionales pues se conecta con el sistema nervioso simpático y parasimpático (el primero se encarga de preparar al cuerpo en un estado de alerta, por ejemplo acelerando el ritmo respiratorio y cardiaco, y el segundo lo prepara para un estado de relajación, disminuyendo el ritmo cardiaco y respiratorio, entre otras cosas)

Y dado que el diafragma se mueve involuntariamente (para asegurar la respiración) pero también podemos intervenir voluntariamente en su movimiento, nos permite acceder a través de ciertas técnicas de respiración a un estado emocional diferente, por ejemplo pasar del sistema nervioso simpático al parasimpático, o de la alarma a la relajación.

Pero como toda la musculatura, necesita ejercitarse adecuadamente para mantener su tono y elasticidad.  Todo músculo que no se usa va reduciendo su capacidad y se va atrofiando.  Un diafragma restringido es igual a una respiración restringida.  Y si la respiración no sólo es oxigenación y limpieza de la sangre, sino que es energía vital, no debemos dejar que se mantenga restringido.  Podemos ayudarle a recobrar su tono y elasticidad. Para ello recurriremos a diversos ejercicios y técnicas de respiración. Pero lo primero, como comentábamos en otro artículo, es cobrar conciencia del diafragma y su movimiento.  Y desde luego no violentarlo intentando forzar las respiraciones.  Se gana más con una práctica respetuosa y constante que con sesiones maratónicas de cuando en cuando.  Un principio fundamental, es que la buena respiración produce placer -no importa si es lenta para relajarnos o ágil para rendimiento deportivo.  Proponte algo: disfrutar de tu respiración.

Educar la respiración

El proceso respiratorio tiene dos vertientes.  Por una parte se da de manera automática, como proceso involuntario cuya función es asegurar la vida, y por otra parte de manera voluntaria y consciente, cuando decidimos intervenir para obtener algún resultado específico, bien sea algo tan común como intentar relajarnos después de hacer ejercicio o con otros objetivos como cambiar nuestro estado mental o nuestra conciencia.

En cualquier caso una adecuada respiración asegura nuestro bienestar.  El hecho de que se haga involuntaria o voluntariamente no necesariamente implica que se haga de manera adecuada.  A veces nos encontramos respirando de manera automática pero superficial o agitadamente, o intentamos intervenir en la respiración y conseguimos más tensión de la que inicialmente había.  Todo es cuestión de ir entrenando la respiración.

Educar la respiración es evidentemente un acto voluntario, pero si se orienta bien, se irán creando hábitos, buenos hábitos respiratorios que el cuerpo tenderá a repetir cuando se tenga que encargar del proceso sin  nuestra intervención consciente.

El primer paso es observar cómo respiramos, y sobre todo cómo nos sentimos al respirar de cierta manera.  La relación entre emociones y respiración es más que evidente.  Un cambio emocional implica un cambio respiratorio.  Por otra parte la relación entre pensamientos y emociones es también evidente.  Así, un cambio de actitud mental implica un cambio a nivel emocional y viceversa, lo cual necesariamente modifica la respiración.  Esto nos lleva a la conclusión de que si hay un vínculo claro entre respiración, emociones y pensamientos, modificar uno de estos tres factores supone modificar los otros dos.

El siguiente paso después de haber observado nuestra respiración  y el estado mental-emocional asociado a ella, es conocer el proceso respiratorio para definir dónde podemos intervenir.  Nos va a resultar especialmente útil conocer  cómo funciona nuestro diafragma, ese gran músculo que se encarga de llenar y vaciar los pulmones de aire, pues no sólo es el músculo principal de la respiración, sino que además podemos intervenir voluntaria y conscientemente en su movimiento.  Trabajar con el diafragma nos permitirá ir educando nuestra respiración, para hacerla más amplia, más profunda, para limpiar mejor los pulmones de aire residual, para modificar nuestro estado emocional cuando seamos presas de una gran tensión o cuando nos falte energía.

Para empezar, localiza tu diafragma.  Posa una mano entre tu pecho y tu estómago y respira.  Observa como se mueve tu mano sutilmente.  No intervengas en la respiración, pero visualiza tu diafragma moviéndose con cada inhalación y exhalación.  Ve reconociendo cómo el diafragma al contraerse empuja a los pulmones hacia arriba ayudando a expulsar el aire y cómo al extenderse “tira” de los pulmones hacia abajo haciendo que el aire entre a éstos.  Si mantienes la observación durante unos días, casi sin darte cuenta mejorará tu respiración diafragmática por el simple hecho de hacerte consciente de ella.

El siguiente video te ayudará a visualizar el movimiento del diafragma.