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Respiración y su relación con las Enfermedades Auto-inmunes

enfermedad auto inmune y respiración

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La relación entre respiración, emociones y salud es algo comprobado.

De hecho, son los propios médicos quienes cada vez más, además del tratamiento, sugieren a sus pacientes hacer ejercicios de respiración, especialmente cuando la “enfermedad” física está acompañada de síntomas como el estrés, la ansiedad, la desconfianza o la baja autoestima.  Y es que mejorar la respiración incide directamente en el estado emocional y por lo tanto ayuda a restaurar el equilibrio y la salud del cuerpo.

En otros artículos hemos recalcado la grandísima ventaja que nos da el ser conscientes del movimiento de nuestro diafragma respiratorio (el “actor principal” de la respiración) para poder influir en él.  El diafragma es una parte de nuestro cuerpo que tiene la maravillosa cualidad de actuar de manera automática y a la vez permitir que tomemos nosotros la iniciativa de su movimiento, y por lo tanto que influyamos directamente en nuestra respiración.  Además, el diafragma a su vez está vinculado con el sistema nervioso y por ello su movimiento en la respiración activa la respuesta de relajación.

Cuando dormimos y cuando estamos relajados los procesos de curación del cuerpo se ponen en marcha; y cuando esta relajación es no solo física sino también emocional, la curación puede acelerarse.  En el caso de las enfermedades auto-inmunes de cualquier intensidad (cáncer, artritis reumatoide o vitíligo, por ejemplo) el miedo está muy presente, por lo que la curación emocional se hace más que necesaria y la mayor parte de las veces acompaña a la propia curación física.

Hay veces que es difícil “resolver” una enfermedad o desequilibrio atendiendo exclusivamente a los síntomas físicos y sin atender el estado anímico de la persona.  La ventaja de la respiración es que podríamos decir que es un “síntoma” o más propiamente una “manifestación física” de los problemas físicos y emocionales.  Y puede ser nuestra vía de acceso, o nuestra “herramienta de trabajo” para atajar los desequilibrios.  De la misma manera que una enfermedad o una emoción  intensa modifican la respiración, mejorar nuestra respiración puede permitirnos modificar la enfermedad y la emoción.

Por lo tanto en los casos de una enfermedad auto-inmune es recomendable revisar la respiración y mejorarla puesto que cualquier mejoría en la respiración influirá positivamente tanto a nivel físico como psíquico.  No obstante, recordemos que la respuesta no está en la respiración, sino dentro de nosotros mismos, pero también que la respiración es precisamente una manera que tenemos de acceder a nuestro interior.

Te deseo una buena respiración y mucha salud.

Respira para Disolver el Miedo

Gracias al comentario de una lectora, he visto la necesidad de hacer referencia a cómo podemos resolver estados emocionales “negativos” como el miedo.

Habrás observado que cuando el miedo te invade tu respiración se entrecorta.  Es frecuente sentir un “nudo en el estómago” y ver que respiramos rápida y superficialmente.  Es señal de que nuestro diafragma respiratorio se ha bloqueado.  Al bloquearse, no puede moverse, por lo cual el cuerpo tiene que recurrir a respirar con la parte alta de los pulmones.  Esta zona es la que tiene menos capacidad, por lo cual hacemos muchas respiraciones superficiales y muy rápidamente.

El estado emocional va unido a la respiración.  Cuando nos embarga una emoción intensa nuestra respiración se ve afectada, pero de la misma manera, nosotros podemos cambiar nuestras emociones cambiando nuestra respiración.

Ahora vamos a la parte práctica.  ¿Qué hacer para disolver el miedo?  Bien, tenemos que recurrir a la respiración diafragmática o abdominal.  Pero no sólo cuando estamos bloqueados, sino cuando estamos bien.  Para ello, dos ejercicios:

  1. Practicar diariamente la respiración diafragmática (tienes  información detallada en este blog, usa este enlace)  No importa que sean sesiones cortas, lo importante es la frecuencia.  Busca un buen momento para tí, como antes de dormir, o en un descanso en medio de tu jornada laboral, y dedícale unos minutos.  Irás avanzando progresivamente, tu diafragma se irá entrenando, y cuando  te veas con un apuro, con necesidad, tu cuerpo conocerá ya el camino para disolver ese miedo.
  2. Cuando estés bloqueado/a empieza por darte cuenta de cómo estás respirando.  Frota tus manos, y cuando estén calentitas colócalas sobre tu diafragma (en la boca del estómago).  Deja que el calor de tus manos entre en tu pecho, e intenta respirar un poco más despacio.  Si al principio no puedes es normal, la velocidad de tu respiración irá haciéndose cada vez más lenta poco a poco.  Procura dirigir el aire que entra a tus pulmones “hacia tus manos”, haciendo que éstas se muevan.  Además de ésto, observa tu mandíbula y tus ojos.  Seguramente están en tensión, por lo que vamos a relajarlos.  Para ello primero entreabre tu boca, y relaja la zona.  Después estira bien tus ojos mirando hacia arriba (como intentando “ver tus cejas”), luego relaja los ojos, y vuelve a centrarte en tu respiración.  Seguro que mejoras tu estado emocional.

Sé paciente contigo mismo/a, y sé constante.  El trabajo que hagas ahora lo agradecerás el resto de tu vida.

Un abrazo,

Lara.