Recuperando la libertad

¿Te acuerdas cuando siendo más niño respirabas a pleno pulmón, sin importarte que tu vientre se hinchara, llenándote de energía?  Después poco a poco casi todos empezamos a sentir restricciones y adquirimos malos hábitos respiratorios.  Al llegar a la edad adulta muchas veces nos encontramos intentando recuperar esa sensación de vitalidad  para lo cual recurrimos a estímulos muy diversos, o quizás nos hemos llenado de aprensiones y estamos buscando cómo recobrar esa tranquilidad y despreocupación…   Sabemos que hemos perdido algo, que podemos sentirnos mejor, con más energía, más seguros ¿pero cómo?  Recuperando esa respiración amplia, espontánea y despreocupada que teníamos de niños, podremos encontrar respuesta.

La respiración es el recurso más fácil y accesible que tienes para recobrar la vitalidad y aumentar tu energía.  Te da empuje y te ayuda a conectar nuevamente con esa sensación de plenitud.  Para abrir las puertas a esta fuerza vital hemos de recuperar ese modo holgado de respirar que teníamos de niños.  Y fíjate que digo “holgado”, es decir suelto, sin forzar en ningún momento.

Y es que, en principio, respirar es una de las cosas más sencillas del mundo: sólo tenemos que inhalar y exhalar.  Pero no debemos confundir lo sencillo con lo fácil.  Si fuera fácil habría menos personas enfermas o infelices.  Y es que la respiración está vinculada no sólo con nuestra fisiología sino también con nuestras emociones y, por tanto, con nuestros pensamientos.  Es ahí donde se complica la cosa, pues cuando sentimos algún tipo de presión emocional se modifica totalmente la manera en la que respiramos.  De hecho si decimos “dime con quién andas y te diré quién eres”, podríamos decir “dime cómo respiras y te diré cómo te sientes”.    A veces no es sencillo lidiar con las emociones, pero trabajar con la respiración es una manera de equilibrarlas.  Quizás lo más importante que podemos hacer en este sentido es ir cambiando paulatinamente de actitud:  la libertad implica no forzar ni empujar nada, empecemos por no forzar ni empujar nuestro aliento.  Cultivemos una actitud respetuosa con nuestra propia respiración, sin tratar de controlarla rígidamente o de empujarla a la fuerza.  Cada vez que pactiquemos técnicas de respiración, seamos pacientes con nosotros mismos, no forcemos al aire ni a entrar ni a salir, si al final de cada exhalación y cada inhalación te detienes un momento verás como de tu cuerpo surge espontáneamente la necesidad de inhalar o exhalar, y cuando éste impulso se presente sólo deja que ocurra.  Verás cómo el proceso será más fluido y más placentero, y esto lo notarás en tu cuerpo, en tus emociones y en tu mente.

¿Te acuerdas de lo que dijo Pablo Picasso a cerca de su propia evolución como dibujante?

“Pintar como los pintores del renacimiento, me llevó unos años, pintar como los niños me llevó toda la vida”

Lo mismo pasa con la respiración, estudiar  y practicar las técnicas te llevará un tiempo, pero recuperar la libertad con la que respirabas de niño es un trabajo constante de atención y paciencia.

2 pensamientos en “Recuperando la libertad

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