Respirar para Transformar la Ira

En nuestro mundo moderno lleno de estrés vamos acumulando tensiones día a día.  Y si no tenemos una “válvula de escape”, la presión interna puede llegar hasta tal punto que nos haga enfermar.  En estas condiciones podemos entender que la gente “explote” y muchas veces lo haga soltando su ira.

Antes que nada es importante recordar que la ira, como otras emociones, se alimenta a sí misma.  Si estás triste y te entregas a la tristeza, la estás alimentando y haciendo crecer, si sientes ira y te entregas a ella, la estás alimentando y haciendo crecer, y de la misma manera si sientes alegría (por pequeña que sea) y la alimentas, crecerá.  Lo que tenemos que hacer es procurar no “enredarnos” en una emoción que nos enferma.

Estamos acostumbrados a expresar nuestra ira de manera agresiva, hasta nos parece natural hacerlo así  y por ello creemos que está justificado.   Al apoyarnos en este argumento no tenemos problema en repetir la escena tantas veces como nos sintamos molestos, y seguimos soltando agresividad.  Como decíamos antes, si nos enredamos en las emociones las hacemos crecer, y nos atrapan.  Y por muy importante o vital que pueda parecernos en el momento defender a ultranza nuestra posición, el resultado de expresar nuestra ira tanto interna como externamente es muchas veces una aceleración del ritmo cardíaco, una subida de la presión arterial,  un sabotaje a nuestro sistema inmune,  y como conclusión un agotamiento de nuestra energía.

En cualquier caso es posible empezar a liberarnos de nuestra ira y evitar que nos dañe sin utilizar la agresividad.  Para ello hagamos una combinación de toma de conciencia y ejercicios concretos de respiración.  La próxima vez que notes que estás enojado, el lugar de mostrarte agresivo (hacia afuera), de “comerte las tripas” (hacia adentro), o de tratar de suprimirla, simplemente obsérvala, mira cómo se manifiesta en tu cuerpo.  Siente tu cuerpo.  Dáte cuenta de la postura que adoptas, y de las tensiones y restricciones en tu respiración.  Guarda esta imagen de lo que la ira está haciendo contigo a nivel físico, y observa también los pensamientos que la acompañan.  Proponte hacerlo en ese momento en que la ira aparece sin darle tiempo a crecer, proponte estar atento y ser sincero mientras observas.  Tu mente te contará mil cosas y tratará de justificar lo que sientes, pero es como el  “lobo disfrazado de oveja”  que lo que quiere es llevarte a su terreno.  Tú no eres tus pensamientos y tampoco tus emociones.  Tú tienes la capacidad de observar tus pensamientos y tus emociones al igual que observas tu cuerpo.

Bien, ahora que ya te has hecho consciente de cómo estás física e internamente, vamos a pasar al ejercicio de respiración.  Primero cuenta cuántos tiempos dura tu inhalación y cuántos tu exhalación.  Y lo que vas a intentar es alargar cada vez más tu exhalación hasta que dure el doble de la inhalación.  Pero vamos por partes.  Por ejemplo, si antes tu inhalación duraba cuatro tiempos y tu exhalación 3, primero vamos a procurar que sigan los 4 tiempos de la inspiración pero que se duplique hasta 6 tiempos la expulsión del aire.  Así, unas 6-8 veces.  Cuando lo has conseguido, seguiremos alargando la exhalación hasta que dure el doble de la inhalación, siguiendo con el ejemplo sería 4 tiempos de inhalación y ahora 8 tiempos de exhalación.  Si para ti es un problema ponerte a contar, entonces simplemente céntrate en hacer cada vez más larga la expulsión del aire, pues esa es la clave para ir disolviendo el enojo.

¿Qué es lo que este ejercicio de respiración hace en ti?  Activa tu sistema nervioso parasimpático, que es el responsable de la respuesta de relajación.  Pero aún no hemos acabado… ahora que tu exhalación se ha alargado vuelve a observarte con detenimiento.  Incluye tu cuerpo, tus emociones, y la propia respiración.  ¿Necesitas expresar tu enojo con agresividad?  ¿Sigues tan molesto/a?  Seguro que te sientes más tranquilo/a.

Puede pasar que la propia ira se encargue de generar pensamientos como “estoy demasiado enojado/a como para hacer las respiraciones ahora mismo”, o “tengo que decir esto ahora mismo o reviento”, o incluso “no es sano que no exprese mi ira”.  Es nuevamente tu mente-lobo disfrazado de oveja.  Lo verdaderamente insano es enredarse en la ira y alimentarla, pues crecerá.  Hay que armarse de valor para encarar nuestra ira, expresarla responsablemente sólo si es necesario, y sobre todo aprender a transformar su energía en algo útil.  De hecho, la ira es una explosión tal de energía, que si aprendemos a canalizarla respirando, cuando acabemos el ejercicio nos sentiremos con una gran fuerza para hacer lo que haga falta.  Y algo más, con la práctica serás capaz de atajar el problema antes de que se haga grande.

Sé feliz.  Respira.

 

2 pensamientos en “Respirar para Transformar la Ira

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *